II encuentro de bloggers cerveceros y Beermad

El día 13 de octubre fui invitado a un encuentro dentro de las jornadas del Beermad. Para empezar, quiero agradecer a El jardín del Lúpulo y a La Barra de Birra la invitación. Este pequeño escritor de blog, que hace poco cumplió su primer año, se sentía feliz por participar en tal evento. Me sentí, desde que supe que iba a ir hasta días antes, como un niño antes de ir a una juguetería. Iba a pasar un día con personas que compartían mi pasión por este mundo. Podría conocer otros puntos de vista y maneras de contar las cosas, intercambiar opiniones e incluso hacer colaboraciones.

Antes de seguir, he de decir que, debido a un problema personal, me perdí la segunda parte del evento. Así que será más que nada una explicación de lo que yo vi y viví.

La feria estaba situada en la Caja Mágica. Del lugar solo pondré una pega, lo que me costó llegar. Mal comunicado y señalizado, pero esto son aspectos que quedan fuera de las responsabilidades de la organización. Si bien poco accesible, el emplazamiento en sí era el lugar idóneo. Un gran espacio al aire libre protegido por dos de las fachadas de la Caja Mágica. Casetas para comer con gran variedad, pero sobre todo muchas casetas de cerveceras, que aquí hemos venido a la cerveza, no nos engañemos. Había hasta conciertos, los cuales animaban bastante, pero hicieron necesario usar el micrófono alguna vez en el encuentro de blogueros.
La parte del evento a la que asistí estaba dividida en dos fases. La cata presentación y la primera mesa redonda. En la cata presentaron sus novedades las cerveceras Tyris, Villa de Madrid (y chula), Brewdog, Cerveza Piporra, 3 Monos, 15&30 Sherry Beer y Domus. Cada uno trajo una novedad, algunas las probamos in situ y otras nos las llevamos a casa en botella. Como aún no he catado las que me llevé, tengo en casa un atasco cervecero de dimensiones bíblicas, hablaré de ellas en pequeñas reseñas en mi Instagram y Facebook. Solo decir que las presentaciones de las cerveceras fueron muy interesantes y sus cervezas muy ricas. En la mesa redonda se habló sobre la interacción del mundo de la cerveza artesana y los blogs. Fue muy interesante ver desde esas dos perspectivas cómo está la situación. Además, descubrí ciertas cosas que no sabía cómo bloguero novato y que, como tal, me quedo para mí (insértese risa maligna).

Mi sensación, por lo que vi y he ido viendo después, es que somos una comunidad bastante grande los que escribimos sobre este mundo. Hay propuestas y blogs muy interesantes. Movimientos como Pink Boots Society, que deberíais estar buscando ya; o blogs como Adicta al Lúpulo . También que el sector empieza a estar saturado, pero que aún se puede transformar en algo muy interesante.

Durante estos días de inactividad por aquí he pensado en este blog. Este blog nació gracias a la insistencia de J, D, N, M Py tantos otros amigos. Como una forma de contar a más gente cosas sobre la cerveza, de introducir a esos hijos de la Mahou a la craft beer. Somos el Profesor Protón de la cerveza, salvando las distancias claro.
Esperamos que el Beermad siga celebrándose todos los años. Esperamos con muchas ganas que haya más encuentros de blogueros de cerveza. Y esperamos que en el próximo, D, J, Npuedan acompañarme y tomarse algo allí conmigo, quizá… ¿unas birras? .

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Märzen de Tyris:

Ha llegado el final de septiembre y principios de octubre, lo que significa que ha llegado la época del Oktoberfest. Todos conocemos la famosa fiesta de la cerveza muniquesa pero, ¿sabéis qué cerveza se consume en ella? Lo que se bebe actualmente son cervezas de graduación algo más baja de lo normal, para facilitar las grandes ingestas de este líquido. Sé que os estaréis preguntando por qué hablo de eso si la cerveza del título es una märzen. Y algunos también os preguntareis qué es una märzen. Bueno vamos a hablar claro: el anuncio aquel estaba bien. Ya sabéis, el de las pirañas y el tío hablando de la doble malta (prometo que un día hablaremos de las burradas de los anuncios de cerveza). Pero olvidad el anuncio un momento.

Estamos en Alemania, antes de la época industrial. En la región bávara no todo es cerveza de trigo, ya que el estilo lager (del que ya hablamos hace un tiempo aquí ) también se implantó con fuerza. Pero, claro, debido a las capacidades de los maestros artesanos de aquella época y a la tecnología de la que disponían, no podían hacer cerveza más allá de marzo, ya que las levaduras morían cuando subían las temperaturas. Así que en marzo se hacía una gran cantidad de lager, que se guardaba en sótanos, en cubas de madera rodeadas por hielos. Esta cerveza, llamada märzen bier por el mes de fabricación, se consumía durante la primavera y el verano. Cuando llegaba septiembre se sacaban las cubas restantes y se bebían en el Oktoberfest, que por aquel entonces era una fiesta popular. No fue hasta el 12 de octubre de 1810, tras la boda del heredero de Baviera, que esta fiesta se oficializó. Por eso este estilo es uno de los gérmenes de la famosa fiesta alemana.

Este estilo ha tenido bastante repunte en los últimos años, arraigando en nuestro país sobre todo en la zona del Levante. Puede que sea por su sabor, parecido al de las lager pero con algunos añadidos que la hacen diferente y que le permitían aguantar desde marzo hasta octubre. Al ser cervezas ligeras, con cierto dulzor, algo de torrefacto y bien equilibradas, pueden ser perfectas para el clima de la zona. Por todo ello, las märzen levantinas se están convertiendo en dignas rivales de las cervezas industriales afincadas allí.

Esta cerveza entra dentro de la categoría de beerhunter, gracias al señor D y la señorita A que me la trajeron de sus vacaciones. Tyris es una cervecera afincada en Valencia, una de esas que conozco desde hace tiempo pero de las que aún no había podido probar nada. Y debo decir que la primera cata me ha gustado, la verdad. Esta cerveza es de un color ámbar oscuro, algo más oscuro que otras märzen que he probado. El olor es intermedio, a maltas dulces y con un toque a torrefacto muy ligero. En cuanto al sabor, es casi totalmente maltoso, con toques de torrefacto en equilibrio con el dulzón de la malta. El retrogusto es suavemente dulce, haciendo que sea muy fácil de beber. Para maridar, yo recomiendo salados y ligeramente especiados. En mi caso, la bebí acompañando una clásica paella de domingo.

Red Summer Rain de Laugar y Mad Scientist.

Hoy vamos a hablar de un estilo que puede ser o muy apreciado o muy poco querido, dependiendo a quien preguntéis. La cerveza de hoy es una sour, así que, como siempre, partamos del principio: ¿qué narices es una sour? 
Las cervezas sour forman una gran categoría que incluye diferentes subclases (las lámbicas son una de las más interesantes, pero ya hablaremos de ellas otro día…) aunque todas ellas tienen como característica común la fermentación espontánea. Por espontánea entendemos tanto exponer las cervezas directamente al aire y dejar que fermenten, como tomar las levaduras y bacterias presentes en el ambiente y usarlas para fermentar de forma algo más controlada. Esta forma de fermentación hace que a veces se considere a las sour un estilo más bien básico o antiguo. 

También se caracterizan por contener ácido láctico, generado gracias a la presencia de bacterias lácticas como el lactobacilus. Eso les da un característico sabor ácido que las diferencia totalmente de otros estilos en los que predomina el amargor. Es precisamente esta acidez la que, como comentábamos al principio, atrae y repele al público. Si me preguntáis a mí, os responderé con una frase que digo a menudo: hay una cerveza para cada ocasión.

Dentro de esta familia de las sour están las berliner weisse. Este estilo, que a pesar de su nombre está bastante alejado de las clásicas cervezas de trigo alemanas (Hefe-Weissbiers), tiene un origen algo incierto. Se dice que puede venir de los hugonotes, protestantes franceses que huyeron a Alemania escapando de la persecución católica, aprendiendo en su periplo diversos estilos de elaboración de cerveza. Otra teoría, más o menos exacta, le atribuye la invención de este estilo a Cord Broyhan, cervecero germano del siglo XVI. Sea como fuere, su marcado sabor ácido la hizo destacar entre las demás cervezas de la zona berlinesa, haciendo que en el siglo XIX se la conociese como el Champagne del norte.

Esta Red Summer Rain que nos traen los chicos de Laugar junto a los húngaros de Mad Scientist tiene algunas varianzas interesantes sobre las berliner weisse más clásicas. Está acidificada con lactobacilus, algo que ya sabemos que es normal, pero es que además se ha empleado una levadura tipo ale. Esa combinación de levaduras y fermentaciones añaden un punto diferente al habitual. Y además, para rematarlo, usa sandía para darle ese fondo tan interesante. 

Tiene un color dorado anaranjado semi-transparente y una espuma muy poco duradera, típica del estilo. Su olor intermedio tiene matices ácidos y de sandía, dejando muy al fondo el olor a malta, muy suave. Cuando la pasamos a la boca, el sabor ácido es lo más destacable, aunque no es excesivamente fuerte ya que es contrarrestado con la sandía. Ésta no presenta un sabor muy dulce, pero se acopla al ácido haciendo que sea una cerveza fácil de beber. Para estas cervezas recomendaría o bien un plato muy suave de sabor, para hacer un contraste, o bien algo confitado para realzarlo. En mi caso opté por lo primero, con unas verduras en tempura que fueron una combinación perfecta. 

Braupakt de Weihenstephaner y Sierra Nevada.

Antes de empezar, os debo una explicación. He estado malo durante unas 3 semanas y algo, en las cuales no he podido beber nada de alcohol. Esto quiere decir que tengo algunas cervezas pendientes por catar y sus correspondientes reseñas llegaran pronto. Siento la espera.
Y, sin más dilación, pasemos a hablar de cerveza, que, quieras o no, es a lo que venís aquí. Que también os puedo hablar de otras cosas, como mi receta hidromiel o lo bien que me queda el cocido, pero sé a lo que venís: por la birra. Y esto lo sé porque el título del blog es unas birras y no unos cocidos. 

Hoy vamos a hablar de una weissbier, pero una algo especial, no solo por los sabores diferentes que lleva, sino porque además es una colaboración. Y no una colaboración cualquiera, hablamos de un mano a mano entre los californianos de Sierra Nevada y los bávaros de Weihenstephaner. La primera es de las grandes cerveceras de los Estados Unidos y la más importante de la Costa Oeste. La otra es la cervecera más antigua del mundo, con registros escritos de 1040. Un apunte: Weihenstephaner se puede visitar y te puedes tomar algo en su biergarten. Si pasáis por la zona, yo no dudaría en hacerlo. 

Pues con semejantes antecedentes nos encontramos ante una cerveza muy interesante. Cuando la servimos ya se nota que es algo diferente, porque su color es amarillo turbio pero algo más oscuro que otras hefe weissbier. Eso sí, la espuma blanca clásica está presente.

Cuando la acercamos para oler, comprobamos que tiene una intensidad intermedia. Nos huele a plátano, algo típico en estas weissbier, pero también a algo más. Tiene olores herbales, debidos a los lúpulos que son del estilo de los californianos. Cuando nos la pasamos a la boca tiene claramente el sabor de una cerveza de trigo, pero tiene también un pequeño golpe de amargor. El sabor a cítricos y herbales también está presente. Este amargor es poco duradero y va dejando el retrogusto suave de las weissbier, haciendo que sea una cerveza muy bebible y menos pesada que algunas de su estilo. Para terminar, os comentaré que va genial para acompañar comidas saladas y especiadas. En mi caso acompañó estupendamente a una lasaña casera de atún y champiñones.

Murcian Pils de La Virgen y Yakka.

Llega el verano y llegan cervezas más frescas, más suaves para estos días de calor. Muchas cerveceras sacan versiones summer o season de algunas de sus cervezas. Otras nos traen combinaciones con cítricos o con hierbas que aligeren y suavicen su sabor.
Esto último es lo que han hecho Yakka y La Virgen en su pils con cítricos, elaborada usando piel de naranja, pomelo y limón de la huerta murciana, de donde son originarios los primeros. Bueno, no solo de la huerta murciana, pues estas cervezas llevan cítricos de las huertas de Santomera. Vale, un inciso: aquí el autor de este blog es de Madrid, así como casi toda su familia. Pero resulta que una de sus abuelas, muy querida por cierto, era de Santomera, lo que hace que esta cerveza tenga un cierto significado especial. Además, se trata de una cerveza colaborativa con La Virgen, una de las grandes cerveceras craft de Madrid. Porque, en efecto, no toda la cerveza gata es Mahou. 

Dicho esto, os comentaré que me ha costado un poco conseguirla pero uno ya tiene sus recursos de cervecero y sus contactos. A ver, que vienen siendo preguntar por Twitter y después mandar un par de correos electrónicos, que va a parecer que soy de la mafia del lúpulo y no. Aún. 

Pero hablemos de la cerveza, de su estilo. Las pils, pilsen o pilsner son originarias de la República Checa, de la región de Pilsen para ser más concretos. Aunque ya se hacía antes, en 1842 se creó la fábrica de Pilsner Urquell, con la que este estilo ganó fama. Es una cerveza muy clara y cristalina (debido a las aguas de la zona), translúcida, con sabor a malta y muy refrescante. Estas características hacen que muchas de las cervezas industriales sean de estilo pils o lager. Por este motivo, se trata del estilo perfecto para hacer que un “hijo de la Mahou” conozca otras cervezas.

Esta Murcian Pils tiene un color amarillo transparente, con una espuma blanca. En cuanto al olor es de intensidad intermedia, con un aroma a limón y naranja muy potente y con un leve toque a malta. Su sabor es principalmente cítrico, destacando sobre todo el limón y el pomelo y con un fondo suave a las maltas. Este sabor va cambiando un poco al calentarse, apareciendo ligeramente la naranja. Es una cerveza perfecta para un día caluroso, como los que estamos pasando ahora mismo. Para acompañarla os recomiendo principalmente salados, como un poco de chorizo o unas patatas bravas. Ahora bien, si queréis redondear la jugada más aún, probadla junto un arroz huertano. Un auténtico combo de la huerta murciana.

La delgada línea roja de la cerveza.

¿Dónde ponemos la línea entre lo artesano y lo industrial? Parece una pregunta sencilla pero tiene unas cuantas respuestas, según a quién se le pregunte. Si nos ceñimos a las definiciones, la cerveza artesanal es aquella que se hace según la receta del maestro cervecero, mientras que la industrial sería la que se produce en grandes cantidades. A nivel industrial, vamos. Pero ¿eso quiere decir que la industrial no tiene una receta? ¿O que la industrial es mala? Pues de eso vamos a hablar, de lo que en este blog consideramos industrial o artesano. Voy a utilizar, sin embargo, el término craft que me permite ir un poco más allá que artesano, que tiene una definición más estricta.
Aquí consideramos industrial a la cerveza producida en grandes cantidades y sin seguir una receta de tipo craft, haciéndola más fácil y barata de producir. Además son cervezas que han de tomarse frías, entre los -1 y 3 grados, ya que al calentarse perderían el sabor y resultarían muy difíciles de beber. Pero eso no quiere decir que sean malas cervezas. Al menos no todas. Hay ciertas marcas (yo tengo una pequeña lista personal) que, con todo lo antes mencionado, hacen unas cervezas de gran calidad. Sin embargo, la gran mayoría de marcas industriales dan una mala imagen de este estilo. Hacen cervezas aguadas, usan maíz y tiran de otras muchas artimañas que hacen bajar su calidad. También son cerveceras que producen solo un estilo o dos, además de alguna versión con limón o sin alcohol. Pero, y por eso no es tan sencillo, hay cerveceras industriales que producen más de dos o tres estilos. Ya os decía que no es tan fácil.

En cuanto al mundo craft puede parecer fácil de diferenciar, pero nada más lejos de la verdad. Una cervecera que produce grandes cantidades puede seguir siendo craft. Hay gente que dirá que no, que producir miles de litros hace que se considere cerveza industrial. Desde aquí pensamos que no es así. Si esa misma cervecera sigue produciendo esas cantidades pero siguiendo su receta artesana, entonces sigue siendo craft. Porque usan la receta de cuando eran una pequeña cervecera, ya que nadie empieza fabricando miles de litros. Estas cerveceras craft fabrican varios estilos, sacan cada cierto tiempo nuevas cervezas, hacen colaboraciones y van a ferias donde muestran a todos sus creaciones. Imaginad por un momento una feria donde las cervezas industriales lo hiciesen. Raro, ¿verdad? Todo esto no hace que la cerveza sea buena. En este tiempo probando estilos y cerveceras me he encontrado con maravillas, sí, pero también con auténticos crímenes contra la cerveza. 

Por estas razones poner un límite a lo que es artesano y lo que no, o a lo que es buena cerveza y lo que no, es tan difícil. Una industrial no es mala por el hecho de ser industrial, así como una artesana no es una maravilla por el hecho de serlo. Y cada cual ha de beber la cerveza que le guste en el momento que desee. Un buen amigo (y sufrido corrector de este blog) y un servidor siempre decimos: cada cerveza tiene su momento.  Así que aquí os seguiremos hablando de cervezas craft, de estilos y de sabores diferentes. Vosotros bebed lo que os apetezca en cada momento.

Beerhunter: Fumu de Cotoya

Bienvenidos a otra entrega más de la sección “Beerhunter”, dónde la cerveza es un regalo que viene de fuera de mi círculo de adquisición habitual. En este caso V es la benefactora cervecera y el objeto de la cata es una Fumu, de Cotoya, adquirida en Viva la Birra en Oviedo. Es una cerveza del estilo rauchbier o Bamberg. Lo sé, lo sé, otra variedad más de cerveza. Pero tranquilos, es más sencillo de lo que parece. 

Estas cervezas, caracterizadas por su sabor y olor a maderas o maltas ahumadas, tienen una historia de lo más interesante:  antes de la revolución industrial, con sus secaderos y tostadoras a motor, los cereales ya malteados se secaban con calor, normalmente al fuego de diferentes materiales. Dependiendo de que material se tratase, el humo tendría diferentes cualidades, pues no es el mismo humo el del roble que el de la turba prensada. Estos humos impregnaban las maltas y éstas a su vez el mosto, cargando a la cerveza de todos los matices del humo y el fuego usado. Con la modernización de los equipos, estas técnicas se fueron perdiendo en favor de cervezas en las que destacaba más el sabor a maltas y lúpulos. Bueno, menos en Alemania, más concretamente en Bamberg, donde se siguió produciendo rauchbier. 

Como ha pasado con otros estilos en desuso que están volviendo, este estilo de cerveza ha sido rescatado de su región para volver a ser cocinado en diferentes cerveceras a lo largo del mundo. Y así, las cervezas ahumadas han vuelto a estar en nuestras jarras como ya estuvieron en la Edad Media.

Ahora, hablemos de la cerveza de los asturianos Cotoya. Tiene un color oscuro y una espuma poco persistente. En cuanto al olor, es de las cosas más destacables. Es de intensidad intermedia y huele a humo de madera. Personalmente, me recordó a una de esas pocas ocasiones que he encendido una chimenea en una noche fría al norte.  Cuando la pasamos a boca es muy suave con un leve amargor que se ve eclipsado por el sabor a carne o maderas ahumadas. 

Es una cerveza perfecta para acompañar un buen chorizo o un queso fuerte, haciendo que contrarresten los sabores.

Den Pobedy de Santo Cristo

El invierno parece que no llega a su fin, al menos en lo que a temperaturas se refiere, así que vamos a hablar de una de esas cervezas que pegan para este clima. Una imperial stout o russian imperial stout. 
Estos gallegos de Santo Cristo tienen una, llamémosla, serie de cervezas, una serie de russian imperial stouts siguiendo una línea histórica. Está 1917, también está Palacio de Invierno y ahora nos traen esta Den Pobedy, o Día de la Victoria, siguiendo, más o menos, la Historia de Rusia del siglo pasado.

Hablemos de la cerveza en sí. Ya hablamos de las imperial stout, ¿no os acordáis? Pues mira, las dos versiones de su origen las tienes aquí.  Cuando los que necesitéis refrescar la memoria terminéis, hablaremos de esta cerveza. ¿Listo? Bien, continuamos.

Nos encontramos ante una cerveza de color negro y espuma café (ya os escucho aplaudir la obviedad). La espuma es poco persistente, algo bastante normal en estas cervezas. Cuando pasamos al olfato su intensidad media es la clásica. Tiene olores a café, chocolate y un ligero punto a regaliz. Pero lo interesante llega al darle un trago: no tiene tanto amargor como esperaríamos. Es algo dulce, con tonos como a licor y chocolate. El amargor aparece en mitad del trago, pero no deja retrogusto. Su cantidad de alcohol,  10%, no se nota casi en el trago, haciendo todo esto que sea una cerveza muy fácil de beber. 

Es una cerveza que es recomendable tomar, además de lo con lo que uno quiera usar para maridaje, con chocolate, sobre todo al final cuando está más caliente y todos sus sabores resaltan. Una cerveza digna de ser tomada en las frías noches siberianas que estamos viviendo estos días.

Cata de cervezas The Porther House para San Patricio.

Llegó y se fue la fecha del año que tanto me gusta. Puede que penséis que es por la cerveza que en ella se consume. Y erráis,un poco al menos. Pero aquí venimos a hablar de cerveza, así que dejare a parte mis gustos musicales y demás.

Se que lo que se bebe principalmente en esas fechas es Guinness, pero no es la única cerveza que se produce en la Isla Esmeralda. Y, a pesar de ser la dry stout o irish stout el estilo mas arraigado al pais, allí se beben muchos más estilos y variedades. Así que que suene la gaita y el bodhran, porque vamos a hablar de cuatro cervezas de la cervecera con sede y pub en Temple Bar, Dublin: The Porther House.

Dublin Pale Ale.

Esta cerveza es muy fiel al estilo de su nombre. Es una pale ale de color rubio oscuro transparente y espuma blanca no muy duradera. Posee un olor intermedio, algo que veremos es muy común en esta cervecera. Dicho olor es principalmente a malta. Se nota algún toque a cítrico pero solo al calentarse un poco. Cuando la pasamos por la boca el sabor es maltoso. Empieza siendo algo dulce con un ligero toque amargo que desaparece muy deprisa. Al calentarse ademas tiene un ligero toque cítrico. 

Podría ser la perfecta cerveza para compartir con ese “hijo de la Mahou” que todos conocemos. Perfecta para acompañar salados y ligeramente picantes.

Hops Head Ipa.

Ésta es curiosa. La probé en Dublin hace un año y era una american pale ale, es decir una pale ale con cierta cantidad de lúpulos extra. Pero cuando me vuelvo a encontrar con ella es una ipa. Esto demuestra dos cosas: que variando algo la receta la cerveza puede cambiar y que algunas definiciones en el mundo de la cerveza son bastante frágiles.
Tiene un color ámbar amarillento con espuma blanca y persistente. Su olor es intermedio, os lo dije antes. Es principalmente herbal y cítrico, como buena ipa. Pero cuando la pasamos a la boca la cosa cambia. Tiene un sabor suave. En estos estilos siempre esperamos el amargor típico, pero esta vez no es así. Tiene sabor herbal, y cítrico al calentarse. Un pequeño golpe de amargor que dura muy poco y no deja casi retrogusto, haciéndola una ipa muy de estilo británico. Sí, una english ipa hecha en Irlanda, la ironía hecha cerveza.

Sería una cerveza perfecta para tomar con carnes saladas y ligeramente especiadas. Si fuese más fuerte el golpe amargo pegaría más con las especias y picantes.

Brain blasta.

Esta strong ale de color ambarino rojizo de espuma blanca puede que sea hasta ahora la más amarga y de más sabor. Su olor es intermedio (me suena que esto ya lo he mencionado antes) a maltas y caramelo, probablemente porque esa sea la malta usada para obtener ese color característico. En cuanto a su sabor es suavemente dulce al principio, pero aquí el golpe de amargor es mucho mas potente. Claro, cómo es una “strong” ale, ¿eh? “Strong” es fuerte, el golpe es más fuerte porque la cerveza es fuerte… Bueno, seguimos. Este amargor se queda hasta el retrogusto, pero de fondo el caramelo y la malta destacan y combinan a la perfección. A diferencia de las anteriores si que se nota el alcohol en el trago.

Marida perfectamente con picantes, especiados, y sabores muy potentes. En mi caso fue un pastel de carne y puré de patatas al horno.

Wrasslers XXXX Full Stout.

No podía faltar una stout, que al fin y al cabo hablamos de cervezas para San Patricio. Sin embargo, he de advertiros de una cosa: pese a que las stouts a las que estamos más o menos acostumbrados suelen ser fuertes, todas las stouts que probé en Dublin eran más ligeras y fáciles de beber. No obstante, ésta en concreto hace honor a su nombre y es algo más fuerte que las allí cocinadas.
Tiene color negro y espuma café, como buena stout. Esta espuma se queda en corona según se calienta. Su olor es, a qué no lo adivináis… intermedio. Y es principalmente a café y chocolate. Cuando la pasamos a la boca es de golpe amargo, pero poco duradero, sin dejar un fuerte retrogusto. Los principales sabores que se destacan son café y, al calentarse algo más, chocolate. Como buena stout, la maridé con chocolate con leche dulce. Gracias a esto se pueden captar los matices de chocolate amargo que posee. 

Recomendable comer el chocolate y beberla con calma, que se caliente y vaya ganando muchos de los sabores que tiene, como ligeros toques a regaliz y maltas

Make Earth Great Again de Brewdog.

Los escoceses de Brewdog nos traen esta cerveza solidaria. Sí, lo sé, soy un pelín fan de ellos. Lo de solidaria es porque todas las ganancias de esta cerveza se donaran a 10:10, organización que lucha contra el cambio climático.
La cerveza es una saison. Sí, del estilo aquel de las granjas francesas ¿no te acuerdas? Sin problema, pincha aquí y cuando termines de leer seguimos. Tómate tu tiempo. También te digo: ya te vale no conocer ese artículo aún… Oye, ya que estás, deja un comentario o compártelo si te gusta. ¿Qué?, ¿lo has leído ya? Perfecto.

Esta saison está hecha con ingredientes de zonas que están en peligro por el cambio climático. El agua proviene de capas derretidas del Ártico. Tiene, además, ingredientes como las amenazadas moras árticas.

Vayamos a la cerveza en sí. Su color es amarillo transparente, casi de pils o lager, con una espuma blanca y fina. Sus olores a hierbas y a frutas (como mora o plátano) son muy suaves. En cuanto al sabor, es más intensa. Tiene un primer sabor como a plátano dulce rematado con moras y alguna otra nota herbal. El alcohol no se nota nada, y eso que tiene en torno a 7 grados. Una vez hemos tragado nos queda un retrogusto muy ligero, casi imperceptible, a hierbas y fruta. Todo ello crea una cerveza muy bebible. Maridaría muy bien con quesos semicurados o patés, pero sería también buena pareja de algo dulce y frutal.

Es una cerveza que recomendaría por su sabor, por lo bien que está el estilo saison y, ¿por qué no?, por colaborar con una causa noble.