La delgada línea roja de la cerveza.

¿Dónde ponemos la línea entre lo artesano y lo industrial? Parece una pregunta sencilla pero tiene unas cuantas respuestas, según a quién se le pregunte. Si nos ceñimos a las definiciones, la cerveza artesanal es aquella que se hace según la receta del maestro cervecero, mientras que la industrial sería la que se produce en grandes cantidades. A nivel industrial, vamos. Pero ¿eso quiere decir que la industrial no tiene una receta? ¿O que la industrial es mala? Pues de eso vamos a hablar, de lo que en este blog consideramos industrial o artesano. Voy a utilizar, sin embargo, el término craft que me permite ir un poco más allá que artesano, que tiene una definición más estricta.
Aquí consideramos industrial a la cerveza producida en grandes cantidades y sin seguir una receta de tipo craft, haciéndola más fácil y barata de producir. Además son cervezas que han de tomarse frías, entre los -1 y 3 grados, ya que al calentarse perderían el sabor y resultarían muy difíciles de beber. Pero eso no quiere decir que sean malas cervezas. Al menos no todas. Hay ciertas marcas (yo tengo una pequeña lista personal) que, con todo lo antes mencionado, hacen unas cervezas de gran calidad. Sin embargo, la gran mayoría de marcas industriales dan una mala imagen de este estilo. Hacen cervezas aguadas, usan maíz y tiran de otras muchas artimañas que hacen bajar su calidad. También son cerveceras que producen solo un estilo o dos, además de alguna versión con limón o sin alcohol. Pero, y por eso no es tan sencillo, hay cerveceras industriales que producen más de dos o tres estilos. Ya os decía que no es tan fácil.

En cuanto al mundo craft puede parecer fácil de diferenciar, pero nada más lejos de la verdad. Una cervecera que produce grandes cantidades puede seguir siendo craft. Hay gente que dirá que no, que producir miles de litros hace que se considere cerveza industrial. Desde aquí pensamos que no es así. Si esa misma cervecera sigue produciendo esas cantidades pero siguiendo su receta artesana, entonces sigue siendo craft. Porque usan la receta de cuando eran una pequeña cervecera, ya que nadie empieza fabricando miles de litros. Estas cerveceras craft fabrican varios estilos, sacan cada cierto tiempo nuevas cervezas, hacen colaboraciones y van a ferias donde muestran a todos sus creaciones. Imaginad por un momento una feria donde las cervezas industriales lo hiciesen. Raro, ¿verdad? Todo esto no hace que la cerveza sea buena. En este tiempo probando estilos y cerveceras me he encontrado con maravillas, sí, pero también con auténticos crímenes contra la cerveza. 

Por estas razones poner un límite a lo que es artesano y lo que no, o a lo que es buena cerveza y lo que no, es tan difícil. Una industrial no es mala por el hecho de ser industrial, así como una artesana no es una maravilla por el hecho de serlo. Y cada cual ha de beber la cerveza que le guste en el momento que desee. Un buen amigo (y sufrido corrector de este blog) y un servidor siempre decimos: cada cerveza tiene su momento.  Así que aquí os seguiremos hablando de cervezas craft, de estilos y de sabores diferentes. Vosotros bebed lo que os apetezca en cada momento.

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Beerhunter: Fumu de Cotoya

Bienvenidos a otra entrega más de la sección “Beerhunter”, dónde la cerveza es un regalo que viene de fuera de mi círculo de adquisición habitual. En este caso V es la benefactora cervecera y el objeto de la cata es una Fumu, de Cotoya, adquirida en Viva la Birra en Oviedo. Es una cerveza del estilo rauchbier o Bamberg. Lo sé, lo sé, otra variedad más de cerveza. Pero tranquilos, es más sencillo de lo que parece. 

Estas cervezas, caracterizadas por su sabor y olor a maderas o maltas ahumadas, tienen una historia de lo más interesante:  antes de la revolución industrial, con sus secaderos y tostadoras a motor, los cereales ya malteados se secaban con calor, normalmente al fuego de diferentes materiales. Dependiendo de que material se tratase, el humo tendría diferentes cualidades, pues no es el mismo humo el del roble que el de la turba prensada. Estos humos impregnaban las maltas y éstas a su vez el mosto, cargando a la cerveza de todos los matices del humo y el fuego usado. Con la modernización de los equipos, estas técnicas se fueron perdiendo en favor de cervezas en las que destacaba más el sabor a maltas y lúpulos. Bueno, menos en Alemania, más concretamente en Bamberg, donde se siguió produciendo rauchbier. 

Como ha pasado con otros estilos en desuso que están volviendo, este estilo de cerveza ha sido rescatado de su región para volver a ser cocinado en diferentes cerveceras a lo largo del mundo. Y así, las cervezas ahumadas han vuelto a estar en nuestras jarras como ya estuvieron en la Edad Media.

Ahora, hablemos de la cerveza de los asturianos Cotoya. Tiene un color oscuro y una espuma poco persistente. En cuanto al olor, es de las cosas más destacables. Es de intensidad intermedia y huele a humo de madera. Personalmente, me recordó a una de esas pocas ocasiones que he encendido una chimenea en una noche fría al norte.  Cuando la pasamos a boca es muy suave con un leve amargor que se ve eclipsado por el sabor a carne o maderas ahumadas. 

Es una cerveza perfecta para acompañar un buen chorizo o un queso fuerte, haciendo que contrarresten los sabores.

Den Pobedy de Santo Cristo

El invierno parece que no llega a su fin, al menos en lo que a temperaturas se refiere, así que vamos a hablar de una de esas cervezas que pegan para este clima. Una imperial stout o russian imperial stout. 
Estos gallegos de Santo Cristo tienen una, llamémosla, serie de cervezas, una serie de russian imperial stouts siguiendo una línea histórica. Está 1917, también está Palacio de Invierno y ahora nos traen esta Den Pobedy, o Día de la Victoria, siguiendo, más o menos, la Historia de Rusia del siglo pasado.

Hablemos de la cerveza en sí. Ya hablamos de las imperial stout, ¿no os acordáis? Pues mira, las dos versiones de su origen las tienes aquí.  Cuando los que necesitéis refrescar la memoria terminéis, hablaremos de esta cerveza. ¿Listo? Bien, continuamos.

Nos encontramos ante una cerveza de color negro y espuma café (ya os escucho aplaudir la obviedad). La espuma es poco persistente, algo bastante normal en estas cervezas. Cuando pasamos al olfato su intensidad media es la clásica. Tiene olores a café, chocolate y un ligero punto a regaliz. Pero lo interesante llega al darle un trago: no tiene tanto amargor como esperaríamos. Es algo dulce, con tonos como a licor y chocolate. El amargor aparece en mitad del trago, pero no deja retrogusto. Su cantidad de alcohol,  10%, no se nota casi en el trago, haciendo todo esto que sea una cerveza muy fácil de beber. 

Es una cerveza que es recomendable tomar, además de lo con lo que uno quiera usar para maridaje, con chocolate, sobre todo al final cuando está más caliente y todos sus sabores resaltan. Una cerveza digna de ser tomada en las frías noches siberianas que estamos viviendo estos días.

Cata de cervezas The Porther House para San Patricio.

Llegó y se fue la fecha del año que tanto me gusta. Puede que penséis que es por la cerveza que en ella se consume. Y erráis,un poco al menos. Pero aquí venimos a hablar de cerveza, así que dejare a parte mis gustos musicales y demás.

Se que lo que se bebe principalmente en esas fechas es Guinness, pero no es la única cerveza que se produce en la Isla Esmeralda. Y, a pesar de ser la dry stout o irish stout el estilo mas arraigado al pais, allí se beben muchos más estilos y variedades. Así que que suene la gaita y el bodhran, porque vamos a hablar de cuatro cervezas de la cervecera con sede y pub en Temple Bar, Dublin: The Porther House.

Dublin Pale Ale.

Esta cerveza es muy fiel al estilo de su nombre. Es una pale ale de color rubio oscuro transparente y espuma blanca no muy duradera. Posee un olor intermedio, algo que veremos es muy común en esta cervecera. Dicho olor es principalmente a malta. Se nota algún toque a cítrico pero solo al calentarse un poco. Cuando la pasamos por la boca el sabor es maltoso. Empieza siendo algo dulce con un ligero toque amargo que desaparece muy deprisa. Al calentarse ademas tiene un ligero toque cítrico. 

Podría ser la perfecta cerveza para compartir con ese “hijo de la Mahou” que todos conocemos. Perfecta para acompañar salados y ligeramente picantes.

Hops Head Ipa.

Ésta es curiosa. La probé en Dublin hace un año y era una american pale ale, es decir una pale ale con cierta cantidad de lúpulos extra. Pero cuando me vuelvo a encontrar con ella es una ipa. Esto demuestra dos cosas: que variando algo la receta la cerveza puede cambiar y que algunas definiciones en el mundo de la cerveza son bastante frágiles.
Tiene un color ámbar amarillento con espuma blanca y persistente. Su olor es intermedio, os lo dije antes. Es principalmente herbal y cítrico, como buena ipa. Pero cuando la pasamos a la boca la cosa cambia. Tiene un sabor suave. En estos estilos siempre esperamos el amargor típico, pero esta vez no es así. Tiene sabor herbal, y cítrico al calentarse. Un pequeño golpe de amargor que dura muy poco y no deja casi retrogusto, haciéndola una ipa muy de estilo británico. Sí, una english ipa hecha en Irlanda, la ironía hecha cerveza.

Sería una cerveza perfecta para tomar con carnes saladas y ligeramente especiadas. Si fuese más fuerte el golpe amargo pegaría más con las especias y picantes.

Brain blasta.

Esta strong ale de color ambarino rojizo de espuma blanca puede que sea hasta ahora la más amarga y de más sabor. Su olor es intermedio (me suena que esto ya lo he mencionado antes) a maltas y caramelo, probablemente porque esa sea la malta usada para obtener ese color característico. En cuanto a su sabor es suavemente dulce al principio, pero aquí el golpe de amargor es mucho mas potente. Claro, cómo es una “strong” ale, ¿eh? “Strong” es fuerte, el golpe es más fuerte porque la cerveza es fuerte… Bueno, seguimos. Este amargor se queda hasta el retrogusto, pero de fondo el caramelo y la malta destacan y combinan a la perfección. A diferencia de las anteriores si que se nota el alcohol en el trago.

Marida perfectamente con picantes, especiados, y sabores muy potentes. En mi caso fue un pastel de carne y puré de patatas al horno.

Wrasslers XXXX Full Stout.

No podía faltar una stout, que al fin y al cabo hablamos de cervezas para San Patricio. Sin embargo, he de advertiros de una cosa: pese a que las stouts a las que estamos más o menos acostumbrados suelen ser fuertes, todas las stouts que probé en Dublin eran más ligeras y fáciles de beber. No obstante, ésta en concreto hace honor a su nombre y es algo más fuerte que las allí cocinadas.
Tiene color negro y espuma café, como buena stout. Esta espuma se queda en corona según se calienta. Su olor es, a qué no lo adivináis… intermedio. Y es principalmente a café y chocolate. Cuando la pasamos a la boca es de golpe amargo, pero poco duradero, sin dejar un fuerte retrogusto. Los principales sabores que se destacan son café y, al calentarse algo más, chocolate. Como buena stout, la maridé con chocolate con leche dulce. Gracias a esto se pueden captar los matices de chocolate amargo que posee. 

Recomendable comer el chocolate y beberla con calma, que se caliente y vaya ganando muchos de los sabores que tiene, como ligeros toques a regaliz y maltas

Make Earth Great Again de Brewdog.

Los escoceses de Brewdog nos traen esta cerveza solidaria. Sí, lo sé, soy un pelín fan de ellos. Lo de solidaria es porque todas las ganancias de esta cerveza se donaran a 10:10, organización que lucha contra el cambio climático.
La cerveza es una saison. Sí, del estilo aquel de las granjas francesas ¿no te acuerdas? Sin problema, pincha aquí y cuando termines de leer seguimos. Tómate tu tiempo. También te digo: ya te vale no conocer ese artículo aún… Oye, ya que estás, deja un comentario o compártelo si te gusta. ¿Qué?, ¿lo has leído ya? Perfecto.

Esta saison está hecha con ingredientes de zonas que están en peligro por el cambio climático. El agua proviene de capas derretidas del Ártico. Tiene, además, ingredientes como las amenazadas moras árticas.

Vayamos a la cerveza en sí. Su color es amarillo transparente, casi de pils o lager, con una espuma blanca y fina. Sus olores a hierbas y a frutas (como mora o plátano) son muy suaves. En cuanto al sabor, es más intensa. Tiene un primer sabor como a plátano dulce rematado con moras y alguna otra nota herbal. El alcohol no se nota nada, y eso que tiene en torno a 7 grados. Una vez hemos tragado nos queda un retrogusto muy ligero, casi imperceptible, a hierbas y fruta. Todo ello crea una cerveza muy bebible. Maridaría muy bien con quesos semicurados o patés, pero sería también buena pareja de algo dulce y frutal.

Es una cerveza que recomendaría por su sabor, por lo bien que está el estilo saison y, ¿por qué no?, por colaborar con una causa noble.

Black ops de Brooklyn

Hoy vengo a hablaros de algo muy especial, una de esas cervezas que suben la calidad, la cantidad y, por desgracia para mi bolsillo, el precio de la media. Uno de esos experimentos que salen bien.
La cervecera me inspira confianza. Hice una cata hace tiempo de sus cervezas principales, las que llegan a España, claro, y quedé encantado con la historia de los fundadores y los sabores y aromas que presentan. Dicho esto, vayamos a la cerveza.

Es una russian imperial stout o imperial stout. Para este estilo hay dos historias que nos cuentan su creación. 

La primera comienza con el futuro Zar, Pedro el grande. Se dice que tras un periodo de tiempo en Inglaterra se aficionó a las cervezas oscuras, más concretamente a las porter. Ya en la madre Rusia, pidió que cerveceros ingleses enviasen más de aquella cerveza. Tras llegar el primer pedido en pésimas condiciones, dichos maestros cerveceros variaron la receta. Como se había hecho con la ipa, se añadió más lúpulo y aumentó el nivel alcohólico para que aguantase bien el viaje.

La segunda historia es menos emocionante. Se dice que, debido a las experimentaciones surgidas en las ipas y en algunos estilos, se creó este para satisfacer a otro público diferente. Ya os dije que era menos emocionante, que cada quien se quede con su versión preferida.

Vayamos con esta cerveza: su color es, como no podríamos esperar de otra forma, negro muy intenso. Tiene además esa espuma cafetera de las stouts. En cuanto a los olores, son intensos. El principal es el olor a café, pero, y esto es una de las partes más interesantes, tiene un ligero olor afrutado. Esto es resultado de la levadura usada para su maduración, levadura de champagne. En los sabores, los esperados en una imperial stout, café o chocolate amargo y sensación de espesor (lo que hace que podamos llamarla petróleo en el ámbito de los cerveceros). Además tiene ese toque de frutas achampanadas y un ligero matiz dulce. Este último es debido a su maduración en barricas de bourbon. El sabor frutal y el chocolate o café amargo mezclan genial creando un sabor muy completo. Además se nota un poco el alcohol, un poco si pensamos que esta bebida tiene 11,5%. Yo me tomé una pinta y dejé el resto para el día siguiente, suerte de tapón de corcho. 

Si pasando por alguna tienda de cervezas de esas que rondan por ahí, la veis y podéis pagarla, hacedlo. Merece la pena probar esta stout.

Wild Lions de La Quince y Four Lions.

Hoy vamos a hablar de dos conceptos a través de una sola cerveza: una neipa, o new england indian pale ale, que además es harvest, es decir, que sus lúpulos son recién cortados y frescos. Así cuando la bebáis podréis apreciar más las diferencias con el resto de ipas. Pero lo primero es lo primero: cuánto tiempo, ¿no? ¿Qué tal el año? No, no os tengo abandonados, he estado pensado en cosas para ir haciendo. Cosas interesantes y cerveceras, ya veréis. Pero, como siempre, vamos por partes.

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Las neipas, o new england indian pale ale son cervezas parecidas a sus primas ipas, pero con algunas diferencias. “¿Qué son las ipas?”, diréis algunos. Bien, si aún no habéis leído mi historia del imperio británico, sus colonias y sus soldados, pulsad aquí  y sabréis más este estilo y sobre una buena cerveza. Pero volviendo al tema, una de las diferencias principales entre neipas e ipas es la turbidez. Las neipas no son cervezas claras, como muchas ipas, sino que tienen más aspecto de cerveza de trigo o de cerveza sin filtrar. Además su amargor es más ligero. Bien sabemos que, en los últimos años, una de las principales características de las ipas ha sido el amargor. “Cuanto más amargo, mejor” parecía ser el eslogan de este estilo. Pero estas neipas son más afrutadas, mas estilo tropical. Tanto que algunos las llaman “zumos” y reniegan de ellas. Pero eso ya es cosa de cerveceros muy exigentes, casi intransigentes. Son el reverso tenebroso de la cerveza. Bueno, sigo, que me pierde el frikismo.

Ahora vamos con el harvest. Normalmente los lúpulos no se usan frescos al 100%, sino más bien en flor, en pellet o, incluso, en concentrado. Esto hace que usar lúpulos recién cortados le de a la cerveza toques más herbales, menos amargos.

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Si sumamos todo esto,tenemos esta cerveza. Es de color dorado claro, con una ligera turbidez propia del estilo, como ya dijimos. Los aromas que presenta son muy herbales y algo cítricos, no tan tropicales como correspondería al estilo, pero puede ser debido a los lúpulos que se hayan usado. En cuanto al sabor, es suave y muy bebible. Tiene un ligero amargor, pero no es lo que más destaca.

Es una gran colaboración de los madrileños de La Quince con los leoneses de Four Lions y sus plantaciones de lúpulo. Y, por supuesto, esperamos que se vuelva a repetir en el futuro.

Cerveceros invitados: St. Bernardus Christmas Ale, por Dani

Como imagino que leerme siempre a mí hablando sobre cerveza es algo que puede resultar cansado, he pensado invitar a amigos y amigas de diferente nivel de conocimiento en el mundo de la cerveza a pasarse por aquí. Ellos catarán y darán su opinión de las cervezas de diferentes estilos que yo les proponga. Luego, yo daré algunos apuntes adicionales a su cata. He de reconocer que he sido algo pillo, por así decirlo, porque les he dado a los dos primeros una cerveza diferente a lo que ellos están acostumbrados. Les he sacado de su zona de confort.

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El primer cervecero invitado es Dani, que es lo que podíamos llamar un cervecero de grado medio. Sabe lo que son algunos estilos y se defiende con las stouts. Pero aquí hemos venido a aprender, así que ¡adelante, caballero!:

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Una cerveza de navidad, ¿eh? Menudo cabrón estás tú hecho…” Ese fue mi primer pensamiento cuando vi la cerveza que Duir había elegido para hacerme debutar como catador.

A diferencia del “boss” de este blog, yo no soy ningún experto cervecero. Sin embargo, ser amigo de un demente de la craft beer hace que te veas “obligado” a probar mucha cerveza y, con el tiempo, te ayuda a desarrollar algo de paladar. De todo lo que me ha ido dando a probar Duir (y de lo que he ido probando más adelante por cuenta propia), lo único que me ha hecho torcer levemente el morro han sido los sabores excesivamente dulzones o especiados. De ahí mi reacción al ver la St Bernardus.

Bien, empecemos por el principio. Al leer la etiqueta, vemos que la cerveza en cuestión se define como Christmas Ale. Lo de Christmas me hace suponer que me voy a encontrar con sabores a canela, jengibre y similares, mientras que la parte de Ale me remite a cervezas tostadas y con bastante lúpulo.

Al servirla, acompañada de una porción de bizcocho de manzana y nueces de mi madre (gracias por el consejo, Mari Paz), me llevo la primera sorpresa: es mucho más oscura de lo que esperaba. Es de un marrón negruzco, opaco y que se va convirtiendo en ocre hacia los bordes. De espuma, lo justo y además se va rápido.

Acto seguido meto la napia en la copa y olfateo, concentrado en no parecer el típico flipado de las catas de vino, para llevarme la segunda sorpresa de la tarde: me huele a una mezcla totalmente inesperada de dulce y ácido. Como a manzana, o a sidra. Me pica la curiosidad, ¿a qué sabrá esto?

Con el sabor me llevo la tercera sorpresa. Nada de lo que yo había previsto. No me sabe ni a canela, ni a clavo, ni a jengibre…A lo que me sabe, y mucho, es a pasas. Tanto que se me ocurre que, si le dieras a probar este brebaje a un “hijo de la Mahou”, lo identificaría antes como un Moscatel o un Pedro Ximénez que como una cerveza. Al bajar hacia el estómago deja un agradable calorcito, lo que demuestra que no va corta de alcohol.

Sigo bebiendo y, a medida que voy alternando la cerveza con bocados de bizcocho, me doy cuenta de que sí hay algún sabor especiado rondando por ahí (¿será cardamomo?). También noto que el sabor marida especialmente bien con las nueces. Al calentarse, el alcohol se hace más presente, así como ese saborcillo especiado que no logro ubicar (¿qué carajo será? Sabe como a madera…).

Apuro el último trago y decido que me ha gustado bastante más que lo que me imaginaba, aunque sigue sin ser el tipo de cerveza que pediría por ahí o que me compraría para llevarme a casa. Eso y que me voy a la cama a dormir como un bendito, porque Bernardus será santo, pero su Christmas Ale se me ha subido a la cabeza de forma más bien pecaminosa.

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Bueno, vamos por partes. Sí, reconozco que he ido a dar donde duele con esa navideña. Pero he sido magnánimo. Busqué una con sabores menos especiados y más dulzones. Soy malo, pero hasta un punto.

Por otra parte, gracias por lo de “boss”. Y no, no considero que esté demente, solo un poco entusiasmado. No hago daño a nadie, no necesito medicación ni nada. Además es un hobby que se puede compartir y viene genial tener un amigo que sabe de cervezas, aunque entre dentro de la categoría de amigo rarito. También hay gente que se sabe la alineación del Madrid y quien metió los goles de las ultimas Copas de Europa y son gente sana, ¿verdad, Dani? Bueno, volvamos a la cata.

La terminología ale, cerveza de tono rubio oscuro, casi rojizo, es lo que despista. En realidad, esta es una cerveza quadrupel belga, especiada y con añadidos para darle el carácter más invernal o navideño. Pero resulta que se les llama winter ale o christmas ale a todas las cervezas de este estilo, independientemente de que sean realmente ales o no. Como ya mencione en mi post del viaje a Chicago, te puedes encontrar hasta con una winter lager. Pinchad aquí.

En cuanto a color y aspecto, Dani ha acertado mucho. En el color, hasta más aún que yo, pero eso es cosa de mi daltonismo. Por eso mis descripciones son algo, podemos decir que generales. Pero, recordad, la cerveza no ha de ser juzgada por su color sino por su sabor. Toma frase mítica, ahí de regalo.

El olor, más dulzón y ácido, es característico de esta cerveza navideña. Recuerda algo a las frutas pasas que después se notan en su sabor. Y es justo aquí, al pasarla a la boca, cuando voy a ser algo más puntilloso. Es cierto que es una cerveza con sabores a pasas e incluso a orejones, pero tiene también sabores almendrados, que son los que maridan genial con esas nueces del bizcocho (por cierto, la próxima vez, un cachito para el cervecero “boss” no vendría mal, ejem ejem). Es verdad también que se nota mucho una especia, y más al calentarse. Esta especia oculta, que Dani no acaba de reconocer, es una mezcla de nuez moscada y canela que no era tan fácil de apreciar. De hecho, la primera vez que yo la probé, a mí me recordó a cardamomo o a pimienta.

Y en cuanto al tema del alcohol, ¡ay amigo!, eso se llama cerveza belga de las fuertes. De las que te hacen pensar lo bien que se lo pasaban los monjes fabricando su cerveza. Te fuiste a dormir como un abad, bien cenado y mejor bebido.

Por lo demás, así es esta cerveza de St. Bernardus, una de esas que hay que probar ahora que es época. Mi recomendación es acompañarla, aparte de con ese bizcocho que tengo que probar, con polvorones o mazapanes y con algún tipo de postre con frutas escarchadas.

Cervezas de navidad o invernales.

En estas fechas tan señaladas, os vengo a hablar de cerveza. Bueno, como siempre.

Cuando llega el invierno y se ponen las luces de navidad en las calles, las cerveceras sacan sus versiones de navidad. Puede que sean lager, ale, ipa o belgian strong, pero todas comparten algo en común: su receta está hecha para acompañar a este tiempo. Se les suele añadir en el dryhopping, o una vez finalizada la fermentación, algunos añadidos como pasas, canela, cardamomo, anís, almendras, clavo, piel de naranja… Cualquier cosa que pueda crear una cerveza con matices dulces y especiados que nos evoquen la navidad. No hay más patrón que este, pues cada maestro cervecero hace su receta como quiere, ideando desde cervezas con ligeros toques a canela, a cervezas de miles de especias.

Como ya hablamos por twitter, donde también podéis seguirme @_unasbirras, os voy a recomendar una lista de cervezas perfectas para estas fechas. No voy a dar una gran explicación de cada una, solo unos pequeños detalles para que os hagáis una idea y podáis descubrirlas por vosotros mismos.

Samuel Adams – Winter Lager.

Esta cerveza, de la que hablamos aquí, es de las más raras por ser una lager. No es muy especiada. Tiene toques de canela y jengibre muy suaves.

Brewdog – Hoppy Christmas.

De nuestros cerveceros escoceses viene esta american ipa de estilo navideño. A pesar de tener un nivel de lúpulos alto, no olvidemos que es una ipa de estilo americano, no es tan amarga como uno puede esperar. Tiene toques como de papaya o cítricos.

St. Bernardus – Christmas Ale.

Esta cerveza es, para mi gusto, la cerveza perfecta para definir la cerveza navideña más estándar. Es una cerveza belga con… Espera, espera un momento. Dentro de poco tendréis una descripción detallada de esta cerveza, en la primera entrega de la nueva sección “El Cervecero Invitado”, así que de momento os dejo en ascuas. (Aún no esta, espera un poco).

De Volle – Stille Nacht.

Es una cerveza de estilo strong ale belga, clara y con un fuerte sabor alcohólico (no en vano tiene 12%). Destaca además su intenso olor dulce y su sabor afrutado y especiado. Es de esas que es mejor probar directamente, en lugar de intentar decir a que te va sabiendo.

La Virgen – De Castañas.

Creo que no hace falta que mencione con que está hecha. Los sabores tostados de las castañas, mezclados con los tonos dulces de las maltas crean un equilibrio casi prefecto. Una cerveza perfecta para pasar las tardes tomando algo caliente, típico de este frio. Castañas asadas, por decir algo ingenioso.

Dougall´s – Invierno.

Los cántabros nos traen una english strong ale especiada. Es una cerveza con un toque ligeramente dulce, a fruta madura, frutos secos y membrillo. Además, al calentarse , tiene un toque picante proveniente de las especias.

Anchor – Christmas Ale.

La opción que nos viene de San Francisco es una cerveza oscura. No soy más exacto pues no viene nada de información sobre que maltas o demás ingredientes se han utilizado. Se podría decir que es una cata a ciegas. A través de su olor podemos adivinar sabores dulzones y a jengibre. En la boca, el gusto es algo más especiado y seco, con un punto picante.

Como maridaje para todas ellas, os sugiero los postres típicos de estas fechas. Todas ellas son perfectas para brindar después de una opulenta Cena del Solsticio. O de Navidad. O de Hanukkah. O, incluso, de Saturnales.

Celebres lo que celebres, puedes disfrutar de buenas cervezas este invierno.

Un cervecero en Illinois

Todo empieza en un aeropuerto. El viaje parecía sencillo, hasta tenía horas de escala de sobra en Dublín. Pero si fuera sencillo, no sería mi viaje. Para haceros un resumen: retraso de dos horas, corriendo escaleras arriba y abajo para pasar la aduana americana y llegando al vuelo a Chicago en última llamada. He de decir que el señor policía, en vez de preguntarme por terrorismos o armas, me pregunto si llevaba frutas. Las famosas manzanas asesinas de Europa.

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La primera comida en territorio americano fue una señora hamburguesa. No iba a los Estados Unidos para comer ensaladas y chía. Sobre la dieta que consumí en América, decir que, de prolongarse unos meses, me habría causado diabetes y algún tipo de problema con el colesterol. Valgan como ejemplos la monstruosa pizza estilo Chicago, de la cual os hablaré más adelante, o la comida en The Cheescake Factory. Las almas caritativas que me acogieron en su casa, Leti y Mario, compartieron conmigo dichas comidas copiosas y, además, aventuras por la ciudad.

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Los dos primeros días los dediqué a un acercamiento al estilo americano: centros comerciales, compras y cine. De este último solo diré que se reclinan los sofás (los asientos exceden el nivel de butaca) hasta posiciones de semi-siesta (butaca arriba, butaca abajo).

Otro de esos días fui a comer al Wendy’s (¡qué recuerdos!) y, a la vuelta, descubrí porque Estados Unidos es una de las cunas para esto del craftbeer. En uno de esos supermercados, nada especial, uno de tantos en la North Milwaukee Avenue, ahí en uno de tantos pasillos, vi un paraíso. Un pasillo entero lleno de marcas de cerveza, de craft e industriales. Y al lado 5 neveras con cajones de 24 y 48 botes o latas frías. Y un mostrador frío donde poder hacerte tu propio sixpack por 9,99 dólares. De ahí saque la selección a probar, una decisión muy difícil, creedme. Al final, decidí probar dos de la marca Samuel Adams y tres de Goose, que son del mismo Chicago.

Samuel Adams Winter Lager.

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Una cerveza navideña suele tener ciertos toques especiados, sabores más navideños que se toman en invierno (Nota mental: tendría que hacer una entrada solo de cervezas de navidad. Sigamos.) Esta cerveza de color rojizo transparente tiene olor a malta con un toque especiado de fondo. En cuanto al sabor que tiene es, para que os hagáis una idea, el de una lager algo especiada. Esos sabores maltosos mezclados con toques de canela y jengibre. Según se calienta adquiere un cierto punto a naranja. El amargor es notable pero poco duradero, como buena lager que es. Podría ser tomada con sabores especiados, como el de un polvorón de canela, o almendrados, como el de una almendra rellena. No me miréis así, son bebidas de invierno, pues maridaje de invierno.

Decir que hacer una cerveza navideña con una lager es un experimento interesante y valiente. Lo normal es con una ale. Así que más puntos por el atrevimiento.

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Samuel Adams Rebel IPA.

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Vamos con una de esas cervezas que llevo queriendo probar muchísimo tiempo. No hace falta que os cuente que es una ipa, ¿verdad?. Si aún tenéis dudas, podéis ver aquí una explicación.

Tiene un color amarillo cristalino y espuma blanca. De esos que hacen que cuando preguntas “¿Qué cerveza te gusta?” haya quien diga “la rubia”. Y en tu mente aparece un cartel luminoso que pone “Hijo de la Mahou”. Ya me vuelvo a ir por las ramas… En cuanto a su olor es de intensidad media, muy herbal y ligeramente cítrico. Cuando la pasamos a la boca es ligeramente dulce, en un principio. Pero no os engañéis, en seguida llegan los sabores amargos y lupulados que duran todo el trago. Sin embargo, y esto es lo que creo que la convierte en algo muy interesante, su retrogusto es suave y más dulce que amargo, invitando a seguir bebiendo. Cuando se va calentando las maltas salen a relucir, sin perder ese punto fuerte de los lúpulos. Perfecta para acompañar una buena hamburguesa con su beicon frito. Recordad también que es una ipa americana, o apa.

Rebel IPA 1

Goose Winter Ale.

Goose winter ale 2

Empezamos con la cervecera nacida en la ciudad del viento, una de esas que, o estás por los Estados Unidos, o es bastante difícil de conseguir.

Comencé por esta Winter Ale de color marrón oscuro y espuma blanco oscuro. Esta es una cerveza de invierno más tradicional, con un olor intermedio a maltas, chocolate y muy ligero a frutas rojas. En cuanto la pasamos por la boca es poco amarga. Tiene tonos dulces, con toques a caramelo y cereal. La carbonatación y el alcohol se notan poco, haciéndola también muy bebible. La cerveza perfecta para ser acompañada del típico asado a la naranja o quizá de unos turrones.

Goose winter ale 1

Goose IPA.

Goose ipa 1

Aquí he de decir que primero la probé cenando y después la termine sin comida, y que la percepción cambió. Esto es debido a que el maridaje fue una pizza estilo Chicago, con salchicha de carnicería. Esa masa gorda, con su tomate especiado y fuerte sobre la mozzarella y la salchicha, cambian mucho la percepción de cualquiera.

Se trata de una cerveza rubia transparente con espuma blanca, y prometo no desviarme con el aspecto de la clásica cerveza de bar con servilletas en el suelo. Tiene olor cítrico de intensidad intermedia. En cuanto al sabor, con la pizza fue de ligero amargor, con un retrogusto casi inexistente. Pero en cuanto dejé de comer pizza, la cosa cambio. El amargor viene desde el primer sorbo. Es un golpe de amargor digno de una american pale ale, una ipa cocinada en suelo estadounidense. Tiene además tonos cítricos. Y el retrogusto quedaba suave y amargo al final del trago. Notad que he dicho “deje de comer” y no “se terminó la pizza”. Duró un día más. Y eso que cogimos la pequeña.

Así que queda claro: un buen maridaje para estas ipas amargas son las comidas especiadas y fuertes. A esta ipa de Chicago le iba genial a la pizza de la misma ciudad.

Goose ipa 2

Goose 312 Urban Wheat.

Goose 312 urban wheat 1

Aquí tratamos con una cerveza de trigo que se sale algo de los cánones del estilo. Tampoco mucho pero lo suficiente para destacar. Es de un color amarillo turbio, debido al trigo. Su olor ligero, floral y a limón, hace que ya nos demos cuenta de lo que pasa aquí: los lúpulos. Se han añadido lúpulos diferentes para hacerla tener un sabor que no se parezca al común. Este es dulce, a limón y cereal, este último del tipo del trigo. Tiene una carbonatación ligera y es muy fácil de beber. Algo diferente en el difícil mundo de las cervezas weiss, una cerveza para tomar con una Butterpretzel, como buena cerveza alemana, o con un perrito viendo un partido de la NFL

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Tras las catas, retomo el relato del viaje por tierras del tío Sam. Dejadme que destaque algunos momentos y lugares de mi visita. No son todos, ni los más importantes, tan solo un pequeño muestrario:

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– En la estatua de Michael Jordan me hice foto, como correspondía. A la ida pasamos por el típico colegio americano de las películas, con ese campo de baseball donde Timmy, que está a punto de hacer un homerun, mira a la grada pensando que su padre, como siempre, no estará. Y ahí está animándolo. Ha dejado atrás su trabajo y está apoyando a su campeón. A la vuelta pasamos por Little Italy, todo muy americano. Y cerramos el día con el típico almuerzo de tortilla de varios huevos.

– Hice fotos en “La Judía”, o The Cloud Gate, y en todos los rascacielos, famosos o no. También en el Chicago Trivium, con sus piedras traídas de todo el mundo. Va a resultar que los británicos y su museo no son los únicos expropiadores…

– La subida a la torre Sears, o Willis, y su Skydeck. Para alguien con miedo a las alturas, es todo un logro desbloqueado. Por si no lo conocéis, es una especie de terraza de cristal a 103 pisos de altura sobre el suelo. Da bastante impresión.

– Los viajes en tren a las afueras de Chicago y de vuelta, rodeado de trabajadores, por paisajes dignos de un videoclip de Rise Against y tomando un refresco de vainilla y cereza.

– Descubrir que su forma de conducir es diferente a la nuestra, y no solo en lo relacionado en las marchas. Se les permiten algunas piruetas dignas de película.

– Todo, y me refiero a todo, es grande. Sus casas, sus coches, sus farmacias (si se puede llamar farmacia a un supermercado), sus avenidas, sus comidas, sus refrescos, sus cafés, sus centros comerciales, sus raciones de palomitas, sus ofertas en ropa, su desconocimiento de más allá del charco, su falta de cobertura social, su número de banderas en cada rincón disponible, su número de marcas de cerveza, locales o nacionales, y una larga lista de cosas. Todo es a lo grande.

Podría escribir muchas cosas más que me pasaron o que vi, pero no quiero alargarme. Así que como recomendación cervecera final: si podéis llegar a conseguirlas, todas las cervezas de las que os he hablado son cien por cien un acierto en su estilo. Espero poder volver hablaros pronto de otro viaje. Mientras seguiremos con las cervezas.